En Sojuela, La Rioja se encuentra Ojuel, una bodega dedicada a la elaboración de vinos con mimo, esfuerzo y pasión.
Su origen se remonta al año 2005 cuando Miguel Martínez ayudó a restaurar los neveros situados en lo alto de la sierra Moncalvillo, experiencia que le hizo retomar el contacto con la zona y sus tradiciones e investigar el verdadero valor que tienen los pueblos, adentrándose en la historia del Supurao hasta el punto de convertirse en productor.
Fue así como en el 2011 llega al vino desde la etnografía y en el 2012 consigue la primera añada del Supurao, un vino tradicional de los pueblos de Rioja que se había olvidado. Más adelante, en el año 2018 logra elaborar una amplia gama de vinos diferentes que expresan la tipicidad y singularidad del terreno:
Vinos tradicionales, a la antigua usanza, sin levaduras añadidas, vendimiados a mano y prensados en prensa manual; vinos ecológicos y con baja huella de carbono, con uvas cultivadas con abono orgánico como método de manejo de plagas y con la intervención mínima para que expresen el terruño y el alma de la zona vinos etnográficos, que permiten investigar y recuperar variedades y métodos de los antepasados, obteniendo un vino ancestral, único e irrepetible.
Vinos hechos con las variedades Tempranillo y Garnacha, crecidas en pequeñas parcelas ubicadas en las faldas de la sierra de Moncalvillo:
Miguel Martínez nació y se crío en Sojuela, un pequeño municipio de La Rioja, sitio en el que su familia posee viñas familiares con un gran potencial y donde ha encontrado que el vino es un medio para expresar la cultura, el paisaje y la historia local.
Una zona donde inicia la historia del supurao, un vino dulce que era elaborado con uvas colgadas en los altos de las casas, supurando, concentrando los azúcares; para obtener un caldo que se tomaba como reconstituyente para poder ir al campo o antes de la vendimia, una historia que refleja lo más auténtico de las tradiciones.
Es así como nace Ojuel Supurao, un vino único en Rioja y el primero amparado por la DOCa Rioja, con el que se recupera una tradición ligada a los pueblos de Rioja y sus economías de subsistencias. Para ello, hoy día, Miguel retoma las tradiciones para llevar a cabo una supuración durante el período de deshidratación, que da origen al nombre del vino.
De esta manera, obtiene un vino naturalmente dulce, sin adición de alcohol, de color abierto y bastante ligero; con aromas bien definidos a caramelos de fresa y frutos rojos. Es un vino muy primario en su expresión y fácil de beber.
Un producto a través del cual se logra descubrir la auténtica historia de los pueblos de Rioja, la manera en cómo se recuperó esta tradición y cómo fue el inicio de la bodega y la elaboración de sus vinos. Todo ello a lo largo de una visita por la bodega, las diversas plantaciones del viñedo y el calao una cueva excavada en los años 30 donde se podrá catar y degustar, no solo el Ojuel Supurao sino otros vinos, directamente de la cuba.
Rioja Alta
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