Los primeros pasos para el inicio Bodegas Marta & Maté, fueron dados por tres compañeros, ingenieros agroalimentarios, jóvenes inexpertos que deciden aprender el arte de la vinicultura y desarrollar en el año 2003, el proyecto llamado Marta Maté.
Emprendedores sin tradición familiar de viticultores, que comienzan a plantar sus primeros viñedos en la zona de paramo extrema, a una altura de 920 metros, en la región de la Ribera del Duero, en la provincia de Burgos.
Varios años después, en el 2008, se integra al proyecto el enólogo César Maté y en el 2013, logran comprar una pequeña bodega localizada en el extremo norte de la Ribera, cerca del pueblo de Baños de Valdearados, donde toma forma la Bodegas Marta Maté.
Durante los años siguientes, han logrado mejorar los suelos de las viñas centenarias, con la transición de viticultura convencional a ecológica; alcanzando en la actualidad, una producción de 100.000 botellas por año, las cuales son consumidas en su país de origen Bélgica, Alemania, Holanda, Suecia, Suiza, Estados Unidos, Canadá, México, Perú y Puerto Rico.
Los viñedos propios de la bodega, cuenta de 25 hectáreas que funcionan bajo la filosofía de producir uvas que expresen la esencia de Ribera del Duero. Asi, bajo el proyecto biodinámico, la bodega ofrece grandes vinos como Primordium Ribera del Duero, Viñas del Lago Ribera del Duero, Marta maté Rosado Ribera del Duero, Marta maté Ribera del Duero, El Holgazán Ribera del Duero, Píxide Ribera del Duero y Marta maté Raspón Ribera del Duero.
En Marta Maté se desarrollan tres pilares fundamentales, que determinan su funcionamiento y el excelente logro en cada una de las botellas de sus vinos, considerados como verdaderos diamantes rojos.
La ubicación privilegiada: es el principal factor que determina la calidad de las uvas, sus viñedos se ubican a una altura mayor de 900 metros sobre el nivel del mar que, aunado a las condiciones geográficas, definen su terruño.
Apuesta por la biodiversidad: En la bodega hacen uso de la biodiversidad como el principal recurso para practicar la viticultura ecológica, unificada con la naturaleza. Al trabajar, atienden las necesidades de los microorganismos presentes en el suelo, para lograr optimizar las capacidades de las plantas.
Además, buscan recrear el ecosistema, fomentando la presencia de especies animales como reptiles o insectos. El objetivo es alcanzar un equilibrio que favorece la reducción de plagas, asegurando racimos de máxima calidad al momento de la vendimia.
Mínima intervención enológica: el último pilar considerado por la bodega, se encuentra representado en la manera de procesar sus vinos, desde la recolección de la uva hasta la culminación de los mismos bajo un mínimo de intervención, haciendo uso de fermentaciones espontáneas y levaduras indígenas.
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