Situada en Olivares de Duero, entre Quintanilla de Onésimo y Valbuena de Duero, en pleno corazón de la Ribera del Duero, está Pago de Ina, una bodega comprometida con la creación de buenos vinos.
Se trata de una pequeña bodega familiar que es el resultado de la pasión que esta familia tiene por la tierra en la que nacen extraordinarias uvas y vinos. Razón por la cual en el año 2000 deciden construir el edificio donde hoy se elaboran los vinos.
El carácter de los vinos de Pago de Ina está determinado por las características que identifican los viñedos de donde se obtienen las uvas.
Viñedos ubicados en las zonas más altas, de entre 40 y 60 años, con suelos compuestos principalmente de capas de calizas arcillosas y calcáreas que se encuentran a 750 y 850 metros de altitud.
Son terrenos influenciados por un clima muy extremo, con temperaturas que pueden llegar a alcanzar veinte grados de diferencia entre el día y la noche. Factores que aportan una elevada concentración polifenólica a las uvas, lo que les confiere una altísima calidad y una larga capacidad de guarda.
Estas particularidades han hecho que la bodega se fundamente en la viticultura sostenible, a través de la cual se respeta profundamente la excepcionalidad de los viñedos, favoreciendo la singularidad y expresividad del terroir y otorgando un estilo único a los vinos:
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